Los Ángeles

Siempre que he ido a Los Ángeles ha sido en viajes relámpago. Allí viven nuestros queridos amigos Gabi y Ana y además está relativamente cerca de Vancouver, donde viví con mi marido durante un par de años, así que cualquier excusa era buena para hacerles una visita rápida.

La primera vez que estuve en la ciudad fue precisamente para acompañarles en su boda, una celebración informal en el encantador jardín de su casa, en el barrio de Los Feliz. Enseguida me enamoré del ambiente que se respiraba en aquel lugar: me sorprendió descubrir que, como Gabi y Ana, casi todos sus amigos habían viajado hasta Los Ángeles persiguiendo el sueño de establecerse como artistas.

Boda Gabi y Ana

Gabi es un músico maravilloso y Ana una actriz con muchísimo talento, aunque ambos complementan sus carreras artísticas sirviendo mesas, dando clases particulares y cuidando niños para llegar a fin de mes. No hay nada que respete más que a una persona que se empeña en convertir su pasión en su profesión, a pesar de los obstáculos que ello conlleva. Hay dos tipos de personas en este mundo: las que viven amando lo que hacen y las que viven aceptándolo. Desafortunadamente, demasiada gente pertenece al segundo grupo, por eso Los Ángeles me resulta tan inspirador. Sin duda mis visitas a LA me han influenciado a la hora de decidirme a apostar por la escritura (¡en ello estoy!).

Mucha gente me previno de la contaminación de la ciudad, el constante tráfico, las grandes distancias y las abrumadoras diferencias sociales… Y sí, Los Ángeles es todo eso. Pero me quedo con sus habitantes soñadores, el excelente sushi que probé en Little Tokyo, el descubrimiento de Abelardo Morell en el museo Getty, el colorido desfile de Nuvula en la semana de la moda o el golpe de las olas de la playa de Malibú. También con todo lo que me queda por conocer y experimentar en esa ciudad, a la que sin duda volveré algún día, aunque ya no me quede tan a mano.

En otra ocasión nos fuimos los cuatro de acampada al parque nacional de Joshua Tree, a unas dos horas en coche de la ciudad. Es una zona desértica, característica por albergar una especie de cactus que sólo se encuentra allí y que da nombre al parque. Nunca había presenciado atardeceres tan rojos, ni había visto a la luna aparecer lentamente, inmensa, por detrás de las montañas (lo que denominamos “alunecer”), ni había observado la vía láctea de manera tan precisa sin un telescopio. Fue una experiencia realmente mágica, donde todos hallamos muchas respuestas. Incluso sirvió de inspiración a Gabi para escribir el tema “California Skies”, que ya se ha convertido en la banda sonora oficial de mi recuerdo.

Joshua Tree

Y… no hay nada más reconfortante después de dormir un par de noches en medio del desierto que darse un baño relajante en Desert Hot Springs. Además, tuvimos la suerte de caer en un hotelito muy recomendable, donde pudimos aislarnos del mundo en sus piscinas de aguas termales.

cactus

La última vez que fuimos a Los Ángeles acabamos metidos en una cabaña de madera en Idyllwild, un boscoso pueblo escondido en las montañas de San Jacinto, donde Juan grabó espontáneamente a Gabi tocando su tema “Man in Pain”. Fue una semana productiva pero extraña. Mi marido acababa de perder su trabajo y no sabíamos qué iba a pasar a la vuelta del viaje, así que la tensión fue inevitable. En esos momentos es cuando uno agradece estar rodeado de amigos de toda la vida, con los que no hay que fingir estar bien, ni medir las palabras (aunque sea a su pesar).

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Un pensamiento en “Los Ángeles

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