Le Loft Clandestin

Después de pasar las Navidades entre Madrid y Nueva York, la vuelta a la rutina y al invierno montrealés se planteaba dura: las temperaturas bajan hasta los -30°C y la sensación térmica puede llegar a los -40°C. Cualquiera tiene ganas de salir de casa con semejante pronóstico meteorológico. La nuestra, además, tiene una especie de escenario en el salón, así que enseguida se nos ocurrió organizar pequeños espectáculos gratuitos en casa. Ya se sabe que si Mahoma no va a la montaña…

Creé un grupo secreto en Facebook e invité a varios contactos, hablé con mi amigo Claudio Pinto que es cantautor y voilà!, ya tenía montado el primer evento de Le Loft Clandestin. La idea era organizar algo el último viernes de cada mes; así, al concierto de Claudio en febrero le sucedieron unos monólogos de humor en marzo, un espectáculo de teatro de improvisación en abril y el concierto de Róisín Tuohy en mayo. Este mes va a pinchar un DJ, aunque de momento no puedo contar mucho más (no es que me haga la interesante, es que siempre lo dejo todo para el último momento).

En Montreal, en verano las temperaturas pueden alcanzar los 35°C y un 90% de humedad. La ciudad se transforma por completo: festivales de música, artistas callejeros, bicicletas y gente por todas partes, ruido, miles de actividades en las que participar. Pero el último viernes de cada mes hay una cita que ni yo, ni ninguno de los miembros fieles a Le Loft Clandestin nos perderíamos jamás. Y esa sensación de haber creado una pequeña comunidad de la nada es una de las cosas más gratificantes que he experimentado.

Estos espectáculos me están dando la oportunidad de conocer a gente muy interesante y con la que comparto gustos, aficiones o puntos de vista. El día que me vaya de esta ciudad no echaré de menos las funciones sino a las personas con las que viví esta experiencia. El otro día Vérina, una francesa de origen camboyano asidua a Le Loft Clandestin, me decía que dentro de diez años miraríamos atrás y recordaríamos estas veladas como algo muy especial de nuestras vidas. Vale la pena el pequeño esfuerzo, aunque solo sea por una afirmación como esa.

Hace tiempo me planteé hacer más y pensar menos en el primer post de este blog, que llevaba esa misma frase como título. Esta pequeña iniciativa nunca habría tomado forma si no fuera porque en su día me propuse llevar mis ideas a cabo.

Puedes seguir los próximos espectáculos en el blog de Le Loft Clandestin.