Boyhood (Momentos de una vida)

Estreno en España el próximo 12 de septiembre.

Boyhood

Boyhood hará historia no sólo porque emular un proyecto de tales características es complejísimo a nivel de producción, sino porque el resultado del experimento no ha sido solamente original; ha sido sublime.

Richard Linklater quería hablar de la infancia y la adolescencia sin centrarse en una etapa concreta, lo que le llevó a la idea de rodar una película con los mismos actores durante más de una década para poder captar retazos de la vida de sus personajes, condensando el transcurso de doce años en poco más de dos horas y media. Vemos pasar a Mason (Ellar Coltrane) y a su hermana mayor (Lorelei Linklater, hija real del director) de la infancia a la edad adulta y envejecer a sus padres (Ethan Hawke y Patricia Arquette) de una sentada, lo que nos produce la sensación de estar observando a la familia protagonista por el ojo de una cerradura. Para cuando termina la película, uno siente una inusual sensación de familiaridad con los personajes. La honestidad de la interpretación de los actores, la fluidez de los diálogos y la verosimilitud del ambiente de las situaciones cotidianas a las que nos tiene acostumbrados Linklater desde la trilogía de Antes del amanecer, dotan a la película de una universalidad que hace que el espectador sienta a ratos que atiende a la proyección de su propia vida.

Aunque Linklater tenía en su cabeza desde el principio la idea de la trama, el guión se fue fraguando a lo largo de los doce años con la colaboración de los actores de la película, que iban incorporando sus vivencias personales a los personajes que interpretaban e improvisando sus líneas sobre la marcha. Sin embargo hay una coherencia interna admirable y resulta sorprendente que la mirada del director no se haya distorsionado a lo largo del dilatado proceso de producción.

A pesar de no ser fiel al original, la traducción del título en España, Momentos de una vida, es un buen resumen del filme. El director no escoge necesariamente los episodios más dramáticos o solemnes de la vida de Mason (el primer beso, la pérdida de la virginidad…) sino que compone, a través de diálogos más o menos banales, una oda al paso del tiempo. La reflexión de uno de los personajes secundarios en la última escena de la película es la esencia del mensaje del filme: “Todo el mundo dice que hay que vivir el momento, pero yo creo que más bien es al revés, que el momento nos vive a nosotros”.

Boyhood nos da la oportunidad de sentarnos en una sala de cine a ver la vida pasar, demostrando que el simple hecho de existir es, en sí mismo, digno de película.

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